ANÁL I S I S / E CO NO M Í A G L O BAL Y S O S T E NI BI L I DAD

Multilateralismo en crisis, ODS 2030 en riesgo y la apuesta urgente por la simbiosis industrial y la transición energética como respuesta sistémica a un mundo en conflicto
Por Víctor M. Gómez-Céspedes | Chihuahua, Chihuahua | 28 de febrero de 2026
El 28 de febrero de 2026 quedará en los libros de historia como el día en que el sistema internacional de posguerra mostró sus fracturas más profundas. Estados Unidos e Israel lanzaron ataques militares de gran escala contra Irán — una intervención militar de elección, preventiva, sin mandato del Consejo de Seguridad de la ONU y con el objetivo declarado de derrocar un régimen soberano. Mientras el mundo procesaba ese hecho, las bolsas temblaban, los espacios aéreos cerraban y las redes sociales se inundaban de desinformación. Irán respondía con misiles y drones contra bases estadounidenses en Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Jordania. En Gaza, el fuego nunca se apagó del todo. En Ucrania, Rusia evaluaba su ventana de oportunidad. En el estrecho de Taiwán, China calculaba.
Para quienes trabajamos en sostenibilidad, economía circular y transición energética en América Latina, este no es un conflicto lejano. Es el telón de fondo sobre el que debemos tomar decisiones estratégicas hoy. Y exige un análisis honesto, sin eufemismos.
“Un ataque preventivo sin amenaza inminente no solo viola el derecho Un ataque internacional — erosiona la arquitectura misma sobre la que se sostiene cualquier acuerdo climático, cualquier cooperación multilateral, cualquier ODS”.
E L M U L T IL A T E R A L IS M O H E R ID O
La ONU, los ODS 2030 y el financiamiento que se evapora
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU para 2030 ya estaban en dificultades antes de hoy. Según el informe de progreso 2025 del Secretario General, apenas el 17% de las metas globales estaban en camino de cumplirse. La brecha de financiamiento para los ODS en países en desarrollo superaba los 4 billones de dólares anuales. El Acuerdo de París avanzaba a ritmo insuficiente. Los fondos climáticos prometidos por los países desarrollados en COP28 y COP29 seguían sin materializarse completamente.
Ahora, ese escenario ya difícil enfrenta una presión adicional de naturaleza sistémica. Cuando una potencia del Consejo de Seguridad lanza una intervención militar preventiva sin mandato internacional, no solo viola el Artículo 2(4) de la Carta de la ONU — también manda un mensaje político devastador: las reglas multilaterales son opcionales cuando los intereses de las grandes potencias lo dictan. Ese precedente golpea de frente la credibilidad de todos los marcos multilaterales, incluyendo los climáticos.
El impacto en el financiamiento para la sostenibilidad operará por tres vías simultáneas. Primero, la reasignación de recursos: los presupuestos de defensa de EE.UU., Europa e Israel crecerán, inevitablemente a costa de cooperación al desarrollo y financiamiento climático. Segundo, el shock energético: un alza del 20-30% en precios del petróleo — conservador en el escenario base
— encarece la transición energética en el momento en que más se necesita acelerar. Tercero, la contracción del apetito inversor: la incertidumbre geopolítica de esta magnitud congela inversión de largo plazo, precisamente el tipo de inversión que requieren proyectos de infraestructura verde, economía circular e hidrógeno limpio.
El Consejo de Seguridad de la ONU, paralizado por vetos cruzados entre EE.UU. y el bloque Rusia-China, quedó funcionalmente neutralizado. La diplomacia multilateral no desaparece, pero pierde el centro de gravedad que la hacía efectiva. Para México y América Latina, esto significa que los marcos de cooperación internacional en los que hemos construido proyectos — MAF, Global Gateway, IURC, cooperación Chihuahua-Paraná — se vuelven simultáneamente más frágiles en su contexto global y más valiosos como alternativa real.
- L A S T R E S D IM E N S IO N E S D E L C O N F L IC T O
Social, ambiental y económica: el costo que no aparece en los comunicados oficiales
Dimensión social: las personas detrás de los titulares
Cada conflicto activo tiene un costo humano que los análisis geopolíticos tienden a invisibilizar. En Gaza, más de 50,000 muertos documentados desde octubre de 2023 — la mayoría civiles — y una crisis humanitaria sin precedentes en el siglo XXI. En Ucrania, millones de desplazados y una generación marcada por el trauma del conflicto. En Irán, 85 millones de personas que no eligieron el programa nuclear ni la confrontación con Occidente, pero que pagarán el precio de ambos. En los países del Golfo, trabajadores migrantes — muchos latinoamericanos, filipinos, sudasiáticos — atrapados en zonas de conflicto sin red de protección.
El Derecho Internacional Humanitario prohíbe explícitamente los ataques de decapitación política y los daños desproporcionados a población civil. Como actor comprometido con la sostenibilidad y los derechos humanos, no puedo separar los principios que guían mi trabajo de
lo que ocurre en el orden internacional. Una intervención militar preventiva sin amenaza inminente, con objetivo de cambio de régimen, viola los mismos principios multilaterales sobre los que se construye cualquier agenda de desarrollo sostenible. El silencio ante esa violación tiene un costo — y ese costo lo pagamos todos.
Dimensión ambiental: el riesgo que nadie está midiendo
Los conflictos armados en zonas de alta concentración industrial y energética generan pasivos ambientales enormes y de larga duración. Irán alberga instalaciones nucleares civiles — Bushehr, Natanz, Fordow — cuyo daño en combate podría liberar material radioactivo con consecuencias regionales difíciles de contener. Las infraestructuras petroquímicas en el Golfo Pérsico, si son alcanzadas, generarían derrames y emisiones de escala comparable a los peores desastres industriales de la historia.
El estrecho de Ormuz moviliza el 20% del petróleo mundial. Una interrupción prolongada, accidental o deliberada, tendría consecuencias ambientales en uno de los ecosistemas marinos más diversos del planeta — además del shock energético global. Los hutíes, que han demostrado capacidad para atacar buques en el Mar Rojo con misiles balísticos y drones, representan un riesgo real de contaminación marina de escala sin precedente en esa región.
Ninguno de estos riesgos aparece en los cálculos estratégicos de quienes tomaron la decisión de atacar. El costo ambiental de los conflictos armados nunca se contabiliza en los presupuestos de defensa.
Dimensión económica: el shock que llega a las cadenas productivas y al bolsillo de las familias
El impacto económico de este conflicto no es abstracto ni lejano para México. El nearshoring que ha atraído inversión industrial a Chihuahua, Nuevo León y el Bajío depende de cadenas de valor globales que incluyen componentes electrónicos asiáticos, materias primas del Golfo Pérsico y logística marítima que pasa por el Mar Rojo. Un shock energético y logístico simultáneo encarece toda esa cadena.
Los semiconductores de Taiwán — que producen el 90% de los chips más avanzados del mundo — son el nervio del sistema industrial global. Cualquier escalada en el estrecho de Taiwán, que China podría considerar mientras EE.UU. está comprometido militarmente en Medio Oriente, interrumpiría una cadena de suministro de la que dependen desde los automóviles hasta los equipos médicos, pasando por los sistemas de energía renovable.
Para las empresas industriales en México, esto se traduce en: mayor volatilidad en precios de insumos, posible contracción de crédito y financiamiento, y necesidad urgente de revisar la resiliencia de sus cadenas de suministro.
“El costo ambiental de los conflictos armados nunca se contabiliza en los presupuestos de defensa. Pero lo pagamos todos, con inflación, con contaminación y con décadas de pasivos que heredamos a las generaciones que vienen”.
- E L M A P A D E F R A G IL ID A D E S G L O B A L E S
Donde hay tensión alta y donde están los puntos de quiebre
El mundo de febrero de 2026 no está ante un conflicto global declarado — pero está en algo que no tiene nombre claro todavía: múltiples conflictos regionales interconectados con actores globales detrás de cada uno, sin mecanismos efectivos de desescalada.
En Medio Oriente, el conflicto EE.UU.-Israel-Irán es la crisis activa de mayor intensidad. El riesgo de escalada depende de la resiliencia del régimen iraní — y la historia, desde Gaza hasta Afganistán, nos enseña que los regímenes pueden absorber castigo enorme y sobrevivir. Si los Guardianes de la Revolución concluyen que su supervivencia depende de escalar, no de ceder, el conflicto se prolonga de semanas a meses.
En Europa, Ucrania enfrenta el riesgo de quedar en un segundo plano mientras la atención y los recursos militares estadounidenses se concentran en el Golfo. En Ucrania, el conflicto continúa sin resolución mientras la atención occidental se desplaza al Golfo. En Europa, el shock migratorio que se avecina alimentará tensiones políticas ya de por sí frágiles. Los proyectos de transición energética europea, que representaban el estándar global en política climática, pueden ralentizarse en un contexto de austeridad presupuestaria y prioridades de defensa.
En el Indo-Pacífico, las tensiones en torno a Taiwán se intensifican en un momento en que la atención estratégica de Occidente está concentrada en otro frente. Lo que más preocupa a los analistas no es un conflicto abierto, sino la posibilidad de interrupciones en la producción de semiconductores — ya sea por presión política, ejercicios militares o bloqueos económicos — sin que nadie dispare un misil. El riesgo es sistémico, no necesariamente bélico.
El factor más subestimado en todos estos escenarios es la desinformación como instrumento de los conflictos actuales. La velocidad con que circulan videos falsos de ataques nucleares, imágenes manipuladas de daños masivos y noticias fabricadas supera la capacidad de verificación colectiva. Un video falso de ataque nuclear podría generar respuestas reales. Eso no existía en conflictos anteriores a esta escala — y los líderes empresariales y de gobierno necesitan construir sus propios protocolos de verificación antes de tomar decisiones basadas en lo que circula en redes.
- L A O P O R T U N ID A D IN C Ó M O D A
Simbiosis industrial y transición energética como respuesta sistémica
Aquí está la paradoja que los análisis puramente geopolíticos no ven: cada shock energético de los últimos cincuenta años terminó acelerando la transición hacia alternativas. La crisis del petróleo de 1973 impulsó la energía nuclear y solar. El choque de 2008 aceleró los mercados de carbono. La pandemia de 2020 impulsó el reshoring industrial. Este conflicto, si dura semanas o meses, hará lo mismo — y los países y empresas que estén posicionados para capturar esa aceleración serán los que definan el siguiente ciclo económico.
La simbiosis industrial — el modelo en que los residuos de una empresa se convierten en insumos de otra, cerrando ciclos materiales y reduciendo dependencia de cadenas de suministro globales
— es exactamente el tipo de solución que gana relevancia en un mundo de alta volatilidad logística y energética. No porque sea políticamente correcta, sino porque es económicamente racional cuando las cadenas largas se vuelven impredecibles y caras.
El hidrógeno verde, la electromovilidad, el biogás, la economía circular: estas no son apuestas de nicho para tiempos de prosperidad. Son respuestas sistémicas a riesgos sistémicos. Un municipio, una región industrial o una cadena de manufactura que reduce su dependencia del petróleo del Golfo Pérsico, de los semiconductores taiwaneses o de las rutas marítimas del Mar Rojo no está haciendo filantropía ambiental — está construyendo resiliencia estratégica.
Para México, esto tiene una traducción concreta. El país tiene ventajas comparativas reales: potencial de hidrógeno verde en el norte, biomasa en el sur, sol todo el año, vecindad con el mercado más grande del mundo y una industria manufacturera que ya está siendo reconfigurada por el nearshoring. La pregunta no es si México puede posicionarse en la transición energética global — es si los líderes empresariales y de gobierno actuarán con la urgencia que el momento requiere o esperarán a que la oportunidad se cierre.
La cooperación Sur-Sur — entre México, Brasil, Colombia, Chile y el resto de América Latina — cobra nueva relevancia en este contexto. Mientras los marcos multilaterales globales se debilitan, los vínculos regionales que comparten contextos similares, desafíos comunes y voluntad de colaborar son los que tienen más posibilidades de sostenerse. Proyectos como la simbiosis industrial en Curitiba, la red universitaria de Chihuahua Green o los corredores de economía circular en la frontera norte no son proyectos locales — son laboratorios de modelos que el mundo va a necesitar.
No hablo en abstracto. En Chihuahua tenemos hoy proyectos en desarrollo que ilustran exactamente de qué tipo de respuesta estamos hablando. El primero, en proceso de aprobación con Mitigation Action Facilities (MAF), es un proyecto de biogás de escala regional — captura de metano, generación distribuida, modelo bancable diseñado desde el inicio para ser replicable en
otras regiones de México y América Latina. En un contexto de shock energético global, un proyecto así no es solo sostenibilidad: es seguridad energética territorial. El segundo, en desarrollo con Global Gateway — el instrumento de infraestructura global de la Unión Europea — contempla la modernización de un relleno sanitario para convertirlo en un eco-parque con participación ciudadana activa. Es decir, infraestructura de gestión de residuos con gobernanza social integrada: exactamente el modelo que los países en desarrollo necesitan y que los financiadores europeos están buscando apoyar antes de que la crisis geopolítica reasigne sus presupuestos. El tercero es la cooperación Chihuahua-Paraná para hidrógeno verde — una alianza que nació a través del programa IURC y que se consolidó al conocer de primera mano los avances que Brasil ya tiene en proyectos de hidrógeno a gran escala. Hoy estamos construyendo un modelo de cooperación donde Chihuahua y Paraná se complementan: la experiencia brasileña en hidrógeno y el potencial del norte de México como corredor de energía limpia hacia Norteamérica. Finalmente, a través del mismo programa IURC participamos en una red de cooperación internacional junto a regiones de Portugal, Rumanía y Colombia — siendo Chihuahua la cuarta región — un esquema que demuestra algo que los grandes foros diplomáticos frecuentemente olvidan: cuando regiones distintas comparten un mismo problema, la cooperación florece de manera natural. El idioma deja de ser barrera porque la confianza y los retos comunes crean un lenguaje propio. No se necesitan tratados formales — se necesita voluntad, propósito compartido y la convicción de que juntos se logra más.
“La economía circular y la simbiosis industrial no son filantropía ambiental. Son respuesta estratégica a un mundo donde las cadenas largas se rompen y la resiliencia local vale más que nunca”.
- C O N C L U SI Ó N
Lo que América Latina puede y debe hacer
El mundo que emerge de este momento no será el mismo que teníamos en enero de 2026. El orden multilateral construido en la segunda mitad del siglo XX está fracturado — no destruido, pero sí profundamente dañado. Los ODS 2030 son cada vez más un horizonte aspiracional que un plan de acción financiado. El financiamiento climático enfrenta competencia de presupuestos de defensa que crecen en todas las potencias.
Ante esto, los líderes empresariales y de gobierno en México y América Latina tienen una decisión estratégica que tomar: esperar a que el mundo se estabilice para actuar, o entender que la inestabilidad es el nuevo estado permanente y que la resiliencia se construye ahora, no después.
Esto implica cinco acciones concretas. Primero, acelerar la diversificación energética regional, reduciendo dependencia de petróleo y gas de zonas en conflicto. Segundo, invertir en simbiosis
industrial y economía circular como estrategia de resiliencia de cadena de suministro, no solo como política ambiental. Tercero, fortalecer la cooperación Sur-Sur en innovación, tecnología limpia y marcos regulatorios, construyendo masa crítica regional cuando los marcos globales fallan. Cuarto, desarrollar protocolos institucionales de verificación de información en contextos de alta desinformación, especialmente para decisiones de inversión y política pública. Quinto, participar activamente en los espacios multilaterales que aún funcionan — COP, OEA, CELAC, PNUMA, la Unión Europea — para mantener viva la arquitectura normativa que necesitaremos cuando la crisis geopolítica ceda.
La historia no la escriben quienes esperan. La escriben quienes entienden el momento, actúan con propósito y construyen en medio de la turbulencia. Hoy, 28 de febrero de 2026, el mundo nos está dando una señal muy clara sobre qué tipo de certezas son frágiles y cuáles son estructurales. Las cadenas largas son frágiles. La resiliencia local es estructural. La dependencia energética es frágil. La transición limpia es estructural. El multilateralismo está bajo presión. La cooperación Sur-Sur tiene un espacio que no tenía antes.
Las soluciones que incomodan — las que requieren cambios reales, inversión real y voluntad política real — son exactamente las que este momento demanda. El momento de actuar no es cuando el mundo se calme. Es ahora.
—
Víctor M. Gómez-Céspedes es Experto Nacional en Simbiosis Industrial, Presidente y Director General de Recilogic Industrial Company S.A. de C.V., empresa mexicana especializada en simbiosis industrial y trazabilidad de materiales, fundador de Chihuahua Green, donde coordina las oficinas facilitadoras de cuatro ciudades del Estado de Chihuahua y funge como Team Leader. Es miembro de México Pacto Circular A.C. y fundador de Green Cities México A.C. Su trabajo se desarrolla en la intersección de la innovación industrial, la economía circular y la sostenibilidad ambiental.