El mar y la piedra: lo que Cataluña ya sabía

El mar y la piedra: lo que Cataluña ya sabía

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Fecha de publicación: 17 ago 2026

COLUMNA DE OPINIÓN  ·  SERIE VERANO 2026  ·  ENTREGA II

CATALUÑA  ·  Del 27 al 31 de julio de 2026

Víctor M. Gómez-Céspedes | Experto nacional en economía circular y simbiosis industrial

Hay conocimiento que no está en los manuales. Está en el fondo del mar y en un muro de ochocientos años. En Cataluña encontré los dos.

El mar que se defiende solo

En la reserva marina del Cavet, en Cambrils, bajé a bucear las praderas de Posidonia oceánica. No las grabé yo. Las grabó Juanvi Baz, presidente de la asociación Cave Cavet, que conoce ese fondo como pocos, con el trabajo visual de Anna Lluís. A través de la plataforma de ciencia ciudadana MINKA, sus fotografías submarinas se convierten en datos que los especialistas usan para identificar especies. Y ahí entendí algo de forma tangible. La Posidonia fija carbono azul, protege la costa y refugia biodiversidad. Además, sus bolas de Neptuno, ovillos de fibra vegetal, atrapan microplásticos y los expulsan a la orilla durante los temporales. Un estudio de la Universidad de Barcelona estima que este mecanismo natural podría retener del orden de 867 millones de fragmentos de plástico al año en el Mediterráneo.

Todo está conectado: biodiversidad, carbono azul, contaminación plástica, participación comunitaria y ciencia. La conservación efectiva no ocurre cuando una sola pieza actúa, sino cuando el conocimiento local, la tecnología, la acción ciudadana y la investigación trabajan como un mismo ecosistema.

La piedra que enfría sin gastar un watt

De la costa al interior. En Lleida me hospedé en casa de Verónica Kuchinow, mi socia de Simbiosy España, en una edificación de origen medieval, de los años 1200. Afuera, el calor de agosto apretaba como en todo el viaje. Adentro, el ambiente se mantenía notablemente fresco. No había tecnología de por medio. Había muros gruesos, masa térmica, la inteligencia de quien construyó pensando en el clima que le tocaba, no contra él. Ochocientos años antes de que la arquitectura bioclimática fuera un término de folleto, esos constructores ya sabían enfriar una casa con el puro oficio de levantarla bien.

Una alianza que maduró

Hace dos años escribí en estas mismas páginas sobre reforzar la alianza Chihuahua Cataluña. Era, todavía, lenguaje de convenio. En este viaje esa alianza dejó de ser un párrafo institucional y se volvió una casa, la de Vero, y una lección concreta dormida en un muro del siglo XIII. Las alianzas de verdad no se firman una vez. Se habitan.

Por qué esto importa para Chihuahua

Lo que vi en Cataluña no fue nostalgia. Fue método. El mar recupera plásticos cuando lo dejamos funcionar. La piedra vieja regula la temperatura cuando se construye con criterio. La ciencia ciudadana convierte a un buzo local en generador de datos útiles. En Chihuahua tenemos exactamente esas piezas: comunidad, conocimiento territorial, universidades, tecnología. La tarea no es inventar desde cero. Es conectarlas para que trabajen como un solo ecosistema.

Eso es, al final, lo que hace la simbiosis industrial: unir lo que por separado se desperdicia.

Víctor M. Gómez-Céspedes es director general de Recilogic Industrial Company y team leader de Chihuahua Green. Experto nacional en economía circular y simbiosis industrial.

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